Esta mañana me he despertado y he preguntado que día era, la vida a bordo hace perder la noción del tiempo, y la rutina diaria. Lo cierto es que la actividad en el Sarmiento es igual de dinámica a cualquier hora del día o la noche. Puede estar más lleno y activo el laboratorio a las 4 de la mañana que a las 7.30 de la tarde (la mayoría se han ido a cenar). Los chicos de la Universidad de Aveiro (Luis Pinheiro y su equipo) trabajan sin descanso; de Alpiste yo diría que no duerme; y los turnos de guardia en la sísmica, la multihaz y la paramétrica, se mantienen sin interrupción, de tal manera que parece que siempre todo sigue en el mismo lugar, y sea la hora que sea siempre es igual. Deducir que hora es no resulta tarea fácil, te acuestas cuando otros se levantan, te levantas cuando otros se acuestan, la mayoría de los equipos funcionan en hora UTC (Tiempo Universal Coordinado). Corresponde a la hora sin tener en cuenta las variaciones estacionales, dos horas menos de las que marcan nuestros relojes. De tal manera que cuando para ti ya es otro día, en la pantalla del ordenador sigues con el día anterior. A veces te sientes mareada y cada minuto se hace eterno, otras te toca vigilar las 6 pantallas de la adquisición de datos sísmicos y el tiempo parece que se detiene. En determinados momentos me siento como la Momo de Michael Ende paseando con la tortuga Casiopea mientras el tiempo se ha detenido. Si bien los latidos de nuestro corazón en el barco no se detienen y cada 20 segundos incesantemente los 10 cañones de aire hacen sus disparos, penetrando en los fondos marinos. La información que nos aportan nos permitirá conocer algo más sobre el tiempo pasado, en el que los relojes eran otros.