En los últimos dos días hemos tenido visitantes inesperados. Tras el aviso de ballenas a babor, aquellos de nosotros que no tenemos la suerte de contemplar habitualmente estos magníficos animales asistimos con gran anticipación y armados con nuestras cámaras fotográficas, a la cubierta desde donde poder, con suerte, atisbar quizá su característico chorro, o alguna aleta segundos antes de que se vuelvan a sumergir.

Estos cetáceos poseen una capacidad asombrosa y de gran utilidad en el medio marino, donde la visión está limitada a unos pocos metros. Estos animales emplean el sonido para relacionarse con el medio acuático que les rodea.

En el agua, el sonido viaja más de cuatro veces más rápido que en el aire, y alcanza mayores distancias. De forma similar al sonar de los submarinos, estos animales recibe los ecos producidos por los obstáculos que el sonido se encuentra en su camino, proporcionándoles información imprescindible para orientarse, comunicarse y alimentarse.

Aunque la comunicación entre estos animales no interfiere con nuestros instrumentos, en la campaña BURATO2010, a bordo del B/O Sarmiento de Gamboa, estamos utilizando el mismo principio para obtener información acerca de la forma del fondo, y de la estructura del subsuelo en el entorno del Gran Burato.

Mediante la liberación de burbujas de aire a alta presión, generamos ondas de sonido capaces de llegar al fondo marino y penetrar en el subsuelo unos 2-3 km de profundidad. Una parte de este sonido rebota, como un eco, al llegar al límite entre capas de sedimentos o rocas de diferentes características. Estos ecos son recogidos por un conjunto de micrófonos acuáticos muy sensibles, llamados hidrófonos, que son remolcados por el Sarmiento de Gamboa formando una manguera de 2 km de longitud, llamada streamer. A bordo, nuestros colegas de Portugal y Granada procesan esta información acústica recogida por los hidrófonos con gran rapidez, proporcionándonos una imagen que refleja con asombrosa fidelidad la estructura de las capas de sedimento y rocas, las fracturas y pliegues, del subsuelo marino.

De este modo, como a las ballenas que nos han visitado estos días, la escucha de los ecos procedentes del fondo marino nos ayuda a visualizar y comprender mejor los procesos que han dado lugar a la existencia del Gran Burato.