Uno de los trabajos que no cesan a bordo durante toda la campaña es la adquisición de datos batimétricos con la ecosonda multihaz, con personal científico de guardia durante las 24 horas del día. Con este equipo realizamos una cartografía del relieve del fondo marino con alta resolución, algo similar a los mapas topográficos de tierra, solo que del fondo marino.

El funcionamiento de estos equipos, situados en la quilla del barco, se basa en la transmisión de múltiples haces de sonido, que viajan por el agua con la forma de un abanico transversal a la dirección de avance del barco. Cuando cada una de estas ondas sonoras llega al fondo oceánico, parte de su energía rebota hacia la superficie y es recibida por los sensores de la ecosonda, que calcula el tiempo que han tardado ir hasta el fondo, reflejarse y volver. Conociendo además la velocidad con que viaja el sonido y sus variaciones a lo largo de toda la columna de agua, se puede calcular de forma bastante sencilla la profundidad a la que ha rebotado el eco. Si esto se hace para cada uno de los haces de sonido que se emiten y reciben de una sola vez, lo que obtenemos es una banda de sondas o medidas de profundidad en la dirección transversal al avance del barco. Al repetir este procedimiento según va desplazándose el buque, la suma de las sucesivas bandas de sondaje da como resultado una franja ancha de medidas de batimetría del fondo marino sobre el que se ha navegado. Cuando esto se hace con el buque siguiendo unas derrotas adecuadamente planificadas, el resultado es un levantamiento batimétrico del 100% del fondo marino.

Sobre la cartografía que se obtiene con la ecosonda multihaz, podemos elaborar modelos digitales del terreno y diferentes mapas que nos sirven para caracterizar el fondo marino e identificar estructuras presentes en él, como es el caso del Gran Burato.

Batimetría de O Gran Burato realizada por el BIO Sarmiento de Gamboa.
Procesada por Alejandra Lago y María Druet